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Orduña - Gasteiz

4 de julio de 2016

Cuando me despierto, lo primero que hago es mirar el cielo por la ventana; está nublado con un densa niebla cubriendo la sierra a la que debemos ascender. Recogemos nuestras cosas y antes de las ocho nos vamos a buscar un lugar donde desayunar algo. La panadería está cerrada y solo hay un par de locales abiertos, pero con algo de comer, solo uno. Entramos en él y arrasamos con la bollería que queda y raciones de tarta de arroz –creo recordar-. No estamos demasiado tiempo.

Regresamos al alojamiento para bajar las bicis y engrasarlas. Aparece el encargado de la casa y nos quedamos un rato hablando con él sobre bicis, pruebas deportivas, y rutas.

Comenzamos a pedalear poco antes de las nueve. El cielo está gris y debemos “despedalear” el camino realizado ayer, para volver a las Campas de la Choza, pero hoy en subida. Lo tomamos con calma para ir calentando las piernas pues nos queda una fuerte subida hasta lo alto de la sierra de Orduña o Salvada.

En poco más de media hora, con menos esfuerzo del esperado, llegamos a las campas. El recorrido que llevo trazado en mi GPS va por otra parte, pero Borja piensa que por aquí la subida es más suave y él ya lo ha realizado en anteriores salidas. Más adelante, al menos eso espero, retomaremos el track original. Un pequeño descanso para reagruparnos, nos permite tomar aire antes seguir.

Rodeados de ganado, que hoy miramos de reojo, entramos en una pista que no sube demasiado y se introduce en el pinar de la Choza.

La niebla es espesa y crea un ambiente en algunos  momentos sobrecogedor y en otros de inmensa paz por el silencio que parece haber a nuestro alrededor y sobre el que solo destaca el crujir de nuestras ruedas sobre el terreno y los comentarios que vamos haciendo.

Poco a poco la pista se empina más y vamos dejando desvíos que se pierden en el bosque. Cada vez ascendemos con más dificultad y el terreno se torna blando y en ocasiones con barro. Antonio y Manolo se adelantan y los perdemos de vista. Los demás proseguimos penosamente teniendo que desmontar en bastantes tramos pues no merece la pena el esfuerzo de seguir sobre la bici, sobre todo desconociendo lo que nos queda, además la diferencia entre pedalear y andar no es mucha en cuanto a la velocidad de ascenso.

Entre la niebla solo se ve el camino y algún caballo que nos mira extrañado. Con Pedro vamos hablando de la diferencia entre las hayas que poco a poco van apareciendo y los robles que nos acompañan desde el principio. Estamos pedaleando por el Hueco de Txolope y el camino termina uniéndose al que yo tenía marcado. Ya estoy más tranquilo.

La radio y unos buenos gritos, nos sirven para comunicarnos con Antonio y Manolo. No deberíamos ir separados ya que existe el riesgo de que tomen un desvío equivocado.

El camino comienza a zigzaguear y eso quiere decir que nos queda poco para llegar a lo alto. He visto muchas veces este recorrido en videos de Youtube, pero siempre realizados en descenso. Encontramos una fuente con su vaso metálico atado con una cadena y paramos a beber. A pesar del día sin calor ni sol, la humedad nos deshidrata sin piedad y no paramos de sudar, sobre todo Pedro y yo, que en eso somos imbatibles.

Por fin, aparece entre la niebla un portillón tallado en la roca por el que accedemos a la otra vertiente, pasando del frondoso bosque a una zona de praderas y monte bajo. Hemos entrado en el monumento natural Monte Santiago, en la comarca burgalesa de Las Merindades, en el límite con la provincia de Álava y el enclave vizcaíno de Orduña.

Después de descansar un poco, ascendemos unos metros caminando hasta la cima del monte Txarlazo, de 937 m, donde confluyen las fronteras de las provincias de Burgos, Álava y Vizcaya. Un gran mastín sale a nuestro encuentro y nos acompaña en los metros finales hasta la base del monumento a la Virgen construido hace algo más de cien años.

- Borja, que si tú dices que aquí está la Virgen, nos lo creemos – comenta Michel, ya que tan apenas se vislumbra una gran silueta oscura entre la espesa niebla.

Es una gran estatua de 25 m de altura en honor a la Virgen de Orduña o de la Antigua, que es la que veíamos desde el pueblo. Primer y principal objetivo conseguido, aunque casi no podamos verlo. Ahora notamos más frío y la niebla se hace algo más intensa. Nos abrigamos con manguitos y chalecos, aprovechando el momento para comer algo. Nos estamos perdiendo una gran vista del valle de Arrastaria y, si la cosa no cambia, de todo este espectacular paisaje, pues se supone que vamos a pedalear cerca del acantilado.

Retomamos el pedaleo por una buena pista que en dirección sur circula paralela al cercano acantilado. Pongo en marcha la cámara de acción y me dejo llevar sin perder atención al camino. Pasamos junto al pico del Fraile –se supone que está ahí- y ascendemos agrupados un pequeño repecho, siguiendo el perfil de la montaña.

Poco a poco la niebla se disipa algo y se trasparenta el sol entre las nubes. El camino llanea con tendencia a descender por una pista cada vez más cómoda que termina al llegar a la carretera que asciende por el puerto de Orduña.

- Hemos pedido el teléfono de Dios para que nos disipara la niebla, pero no ha habido manera – comenta Pedro sonriente.

Buscamos la opción más fácil para seguir, aunque sea algo más larga. Descendemos por la BU-556 hasta encontrar un desvío a la izquierda con carteles alusivos a nuestro destino. Es una ancha pista que nos permite pedalear agrupados y ocupando toda su anchura. Va saliendo el sol y la alegría se nota en nuestras caras.

Vamos dejando la zona de monte bajo y nos adentramos en un hayedo en el que pedaleamos sin apenas desnivel. Nos acercamos a una antigua zona de caza de lobos, un rectángulo con muros de piedras donde se les acorralaba. Poco más adelante nos desviamos unos metros hasta el mirador del Salto del Nervión en el que ya hay un buen número de visitantes.

Es un balcón colgado sobre el acantilado desde el que hay una vista espectacular del Cañón del Nervión, valle de Délica y del salto del Nervión. Una caída al vacío de 222 m, la más grande de la península. Como curiosidad hay que decir que el mirador está en la provincia de Burgos y el salto en Álava.

Descansamos durante algo más de un cuarto de hora y retomamos la ruta. Volvemos sobre nuestros pedales durante algo menos de un kilómetro hasta un desvío que tomamos a la izquierda. Borja se adelanta y se salta el track marcado. Los demás lo seguimos pensando que se conoce el camino, pero pronto nos damos cuenta de que hay que deshacer parte de lo recorrido.

Retomamos el track y este nos lleva por un camino descarnado, junto al acantilado, bordeando el salto, pero pronto nos alejamos de él y entramos en una zona de monte bajo que llanea con suavidad. Reagrupamos varias veces para evitar que volvamos a confundirnos.

Llegamos a una pista mejor, pero enseguida tomamos un camino a la izquierda que nos deja en el alto del Corral. Desde aquí descendemos sin parar hasta el caserío de Ondona. Un corto ascenso nos deja en casa Matías y luego descendemos hasta Goiuri – Ondona. Dejamos el pueblo por la A-2521 y la seguimos durante algo más de medio kilómetro hasta un desvío desde donde nos acercamos hasta la cascada de Gujuli, de menor entidad que la del Nervión, y que también está seca.

Deshacemos el camino y tras cruzar la carretera entramos en un camino que se introduce en el bosque. Me adelanto hasta un desvío para hacer unas fotos,  pero antes de poder sacar la cámara, pasan todos como unas fuinas, equivocándose de nuevo de camino. Les grito, les llamo varias veces por el móvil… nada. Al final, en un nuevo intento, contestan y les hago volver.

- En los desvíos se para a no ser que se sepa el camino- les digo algo malhumorado.

Un poco tensos, seguimos la ruta correcta que nos lleva por un precioso camino junto a una vía del tren que aparece de repente al salir de un túnel. A poca distancia está Izarra, pueblo en el que entramos tras pasar la vía del ferrocarril por un puente elevado.

Es una buena hora para comer, pero no vemos nada en nuestro trayecto y salimos del pueblo por A-3612. La seguimos durante un kilómetro y a la altura de Beluntza tomamos una pista que sale a la derecha. Rodeamos por el norte el monte Godamo y volvemos al asfalto, esta vez de nuevo a la A-2521.

En algo menos de un kilómetro cruzamos por un paso elevado la AP-68, a la altura del puerto de Altube y nos introducimos en una pista que transita entre hayas y que nos acerca hasta Gillerna. Entramos en el valle de Zuia. Cruzamos el pequeño pueblo y poco después tomamos un camino a la derecha. Este nos lleva hasta Vitoriano por una larga recta rodeada de prados vallados y que bordea y cruza urbanizaciones situadas en Bitoriano, pero que sin solución de continuidad nos acerca a Murgía, capital del municipio.

Son las dos de la tarde y hemos quedado aquí con César porque ha encontrado un lugar donde comer. Seguimos sus indicaciones y llegamos a una plaza donde se encuentra un parque, la iglesia y el restaurante. Nos sentamos en los veladores y nos atienden rápidamente. Nada de bocadillos, menú de tres platos como Dios manda. La comida es agradable y sin darnos cuenta, entre charla y charla, pasan casi dos horas. Se supone que estamos cerca de Gasteiz, así que apuramos el tiempo sin darnos cuenta de que unas nubes algodonosas van apareciendo en el cielo.

Retomamos la marcha con cierta pereza, pero como lo hacemos por asfalto - A-4413- y sin apenas desnivel, las piernas pronto entran en funcionamiento. Pedaleamos tranquilos en grupo, pero avanzamos rápido, disfrutando de un paisaje con colinas cubiertas por bosques y zonas más llanas con prados vallados. El cielo se cubre por completo y parece que al final nos vamos a mojar.

Llegamos a Jugo en unos dos kilómetros, pasando junto a la bonita iglesia de San Martín Obispo con espadaña exenta de tres arcos. En otros dos kilómetros más de asfalto y siempre rodeados de prados, llegamos a Domaika dejando la iglesia de San Bartolomé a la derecha.

Del pueblo salimos por un camino de tierra que asciende dejando desvíos a ambos lados y que aparece mojado y con charcos. Comienza a gotear, pero no moja lo suficiente como para dejar de pedalear. Atravesamos alguna cleta y pasamos entre las vacas mirando por el rabillo del ojo. Al final llegamos a un prado donde el camino se pierde entre la hierba. Gracias al track, y tras unos metros de campo a través, llegamos al principio de una pista muy descarnada que desciende con fuerza hacia el interior de un pequeño valle recorrido por el barranco de la Oka y que parece un fondo de saco.

- Espero que tenga salida – comenta Chavi al ver el estrecho barranco.

Serpenteamos junto al riachuelo hasta que llegamos al punto donde el estrecho se abre al llano. ¡Menos mal! Ya podemos ver Gasteiz al fondo de un amplio valle junto a un montón de pequeños pueblos. Sin embargo el camino sigue por la ladera, cambiando de dirección y descendiendo suavemente hasta un cruce de caminos. Entramos en un sendero bastante divertido que termina convirtiéndose en un estrecho camino entre carrascas, bordeando el límite del monte con campos de cereal a medio cosechar.

Llegamos a Foronda tras atravesar un antiguo puentecito y cruzamos el pueblo en dirección a una rotonda en la N-624. Entramos en un camino asfaltado que corre paralelo a ella durante un rato y luego junto a la E-5. Recorremos un laberinto de caminos con continuos cambios de dirección que nos dejan en Aranguiz donde destaca la gran iglesia de San Pedro Apóstol. Poco después, y por carreteritas locales, atravesamos la A-1 y llegamos a Yurre.

En poco rato entramos en Gasteiz. Seguimos por un carril bici hasta la primera rotonda donde tengo marcado en el GPS un atajo para llegar antes al centro y evitar el gran rodeo que da el track por el exterior de la ciudad.

Pedaleamos por la Av. Gasteiz con precaución, a ratos por la calzada, a ratos por la acera para evitar el intenso tráfico, hasta llegar a la calle Sancho el Sabio, peatonal y por la que circula el tranvía. Tras una pequeña confusión, pedaleamos por la calle Magdalena que nos acerca a la Catedral de María Inmaculada donde nos detenemos un rato a contemplarla. Solo tenemos que seguir las vías del tranvía para entrar en la calle General Álava donde se encuentra el hotel Centro, nuestro alojamiento por esta noche.

Como la calle es peatonal, solo tenemos unos minutos para descargar la furgoneta. Lo hacemos con rapidez y César deja el coche en un parquin que hay en la misma calle.

En los hoteles los trámites para registrarse siempre son largos y tediosos. Lo único que queremos es darnos una ducha cuanto antes y descansar, además tenemos que subir las bicicletas a la habitación, la mía es triple, pero pronto les hacemos hueco. Duermo con Manolo y Antonio.

Aprovecho un rato de calma para ir a ver la Catedral y de paso llamar a la familia. Cuando regreso ya están los demás en la puerta. Nos vamos a recorrer el casco viejo y a tomar unos pinchos. Visitamos la plaza de España y la de la Virgen Blanca. Con Manolo me acerco a ver la Iglesia de la Virgen Blanca -en la que se inspiró Ken Follett para la segunda parte de Los Pilares de la Tierra- para hacer unas fotos.

Pedro y Borja nos guían a la zona de bares y nos tomamos unos “pincho-potes” antes de decidir donde cenamos. En el recorrido entramos en el DonGa y ante lo espectacular de los platos, decidimos quedarnos. Pedimos unos combinados en los que el escalope de ternera se sale del plato. A pesar del hambre, nos cuesta poder acabarlos.

Mañana nos espera una etapa suave, así que después de un paseo, nos retiramos al hotel. Hoy hemos pedaleado 71 km con un desnivel acumulado de 1246 m en algo menos de 5,30 h.


 

 

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